Los educadores creemos que el trabajo cooperativo es bueno para nuestros alumnos. ¿Nosotros predicamos con el ejemplo con los compañeros? 

Desde hace años en el mundo laboral se habla del coworking,  en educación, entendemos mucho más que un simple compartir algo para un mismo fin.

 Unas ideas a vuelapluma sobre el mismo: 

Ventajas del trabajo cooperativo:

  1. Promueve las relaciones entre alumnos.
  2. Forma en las estrategias de resolución de conflictos. Aumenta las capacidades de desarrollo interpersonal.
  3. Fomenta las virtudes propias de la convivencia: respeto, mansedumbre, solidaridad, generosidad, …
  4. Reduce sentimientos de aislamiento.
  5. Favorece la eficacia y refuerza el futuro trabajo en equipo.

Inconvenientes:

  1. Dificultad de valorar el trabajo individual de cada componente.
  2. El desarrollo de la capacidad, o ritmo de aprendizaje, es distinto en cada alumno.
  3. Autonomía en las propias pautas de gestión del trabajo.

En la familia, igual que en los deportes de equipo, podemos ver la esencia del trabajo cooperativo, me atrevería a llamarlo el exponente básico, del trabajo cooperativo. 

En la competición deportiva encontramos, ya en sus inicios: actividad grupal, unidad de objetivos para conseguir una meta común, actos de generosidad, eficacia del trabajo, el esfuerzo individual favorece al grupo, etc. 

Como define Spencer Kagan: “La suma de las partes interactuando es mejor que la suma de las partes solas”. (Kagan, S. 1994, Cooperative learning. San Clemente: Resources for Teachers.)

La imagen destacada del inicio del post es de la web: http://www.educat.cat